Amar es compartir




Hay muchos tipos de amor: amor a la pareja, a los hijos, a la familia, a los amigos etc. está en nuestra esencia. La mayoría de nosotros no hemos podido estudiar algunas asignaturas que habrían sido vitales para nuestra vida, esas que parafraseando a Mª Jesús Álava, serían: “Cómo cuidar el amor y las relaciones afectivas”, “cómo sacar lo mejor de nosotros mismos”, “cómo aprender a ser felices, a saber lo que podemos hacer en todo momento y en cualquier circunstancia”.

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Para conseguir compartir emociones, sentimientos y en definitiva la vida con otra persona hay que poner mucho de uno mismo y cuidar el amor, que es frágil y finito  aunque muchos piensen lo contrario,  tarea que no es sencilla.

Necesitamos buscar las claves eficaces en nuestra vida cotidiana que nos proporcionen los recursos para superar las dificultades y problemas que surjan, pero que nos den la posibilidad de disfrutar, cuidar y mimar ese amor auténtico que todos queremos y buscamos. En el amor, como en la vida, hay muchas cosas que nos hacen felices, pero otras nos llenan de ansiedad. La pareja debe buscar lo que les hace felices a los dos, es la manera de tener cada vez más puntos a compartir.

La comunicación es un elemento fundamental en el amor, una pareja que nos se comunica adecuadamente acabará fracasando, necesitamos sentirnos escuchados, comprendidos. Cada persona tiene unas expectativas diferentes de la relación afectiva y hay que coordinarlas para poder disfrutar del amor de verdad. El respeto y la aceptación de la otra persona desde la generosidad, de querer al otro por encima de uno mismo deben ser los  elementos sólidos en los que se base la pareja, para perdurar a lo largo del tiempo cuando el período de enamoramiento pase.

El dicho popular dice “Quien bien te quiere te hará sufrir”, eso no es cierto en absoluto, el dolor en el amor es injustificable, es producto de la incomprensión o, lo que es peor de la agresión, sea física o psicológica.

Ambos miembros de la pareja tienen que sentir la libertad para expresar libremente las emociones, deseos, necesidades  etc. siempre sin herir, sin machacar ni humillar al otro, sino buscando la complicidad de compartir todo eso y el apoyo de la otra persona para lograr sus metas. Lo contrario es la perversión del amor.  Uno no puede estar bien a costa del otro, el querer controlar, dominar, tener una persona para satisfacer las necesidades propias con un egoísmo desmesurado.

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